Por fin encuentro un ratito para escribir tras unos días muy intensos de trabajo y, aunque ya han pasado varios días, no puedo dejar de describir lo que fueron aquellos momentos en los que la mayor de las alegrías se mezclaba irremediablemente con el mayor de los pesares.
Y la cosa comenzó muy bien. Los profesores
María y
Jorge se curraron el acto y la profesora
Patricia organizó al coro como despedida.
Primero el director y la representante de los padres dijeron unas acertadas palabras a los alumnos.
Posteriormente empezó un recital de poesías. Ésta fue la grabación que hicimos en el ensayo. Durante el acto lo hicieron muchísimo mejor y más sentido y con música de
Alfredo y
Javier a la guitarra.
Luego los profesores leímos un poema dedicado a los alumnos y éstos nos replicaron con la lectura de una carta muy bonita dirigida a nosotros, los profes.
Acto seguido se proyectó el videomontaje de Jorge, todo un puntazo. Aparecían imágenes de los chavales cuando entraron en el colegio y de muchas actividades que han realizado.
Fue tremendamente divertido y muy ovacionado por la concurrencia.
Los alumnos tuvieron un detalle más. Nos regalaron un clavel a cada profesor y una copia escrita de la carta leída durante el acto.
Ah, que no se me olvide la tradicional imposición de los pins de violetas.
A nivel particular, Borja, gracias por el detalle de volverte a mirarme durante la lectura de tu parte de la carta. Me dí cuenta aunque te pareciera que estaba en otras cosas.
Y en realidad ya eran varias veces las que mi mente viajó un año atrás en el tiempo para verla.
Recordaba como le dije a su madre que al final había aprobado las matemáticas. Una pequeña batalla ganada por un espíritu luchador que vivía su guerra.
El acto fue de lujo. Al acabar las tradicionales fotos y unos abrazos muy sentidos que me llenaron de alegria nos dirigimos al restaurante para llenar la tripa y coger energías para el bailoteo.
Me apetecía mucho, pero yo ya estaba tocado. La cena fue como el año anterior, salvo que este tuve que aguantar desafortunados comentarios respecto a la calidad de la comida. Yo tenía hambre, y cuando uno tiene esa necesidad, cualquier cosa satisface. Además, lo importante era la compañía.
Me levanté de la mesa y fui a pasearme por las mesas de los alumnos como hice el año anterior. Y me hice fotos con ellos. Igual que me hice fotos con ella. Me gustaría tener alguna de ellas aunque tengo las escenas muy vivas en mi mente.
Recuerdo perfectamente como uno de los alumnos tomó la instantánea enfocando el escote de una de sus compañeras en vez de al centro del grupo. Se la hice borrar, faltaría más.
Y luego el baile. En el mismo local que el año anterior. Entré pero tuve que salir. Tampoco era cosa de tener cara larga pero es que la veía en aquel local, y más con una de las alumnas llevando un vestido muy parecido al que ella llevaba.
Aquel día bailé con ella. Recuerdo perfectamente como sacó a bailar a un chaval muy majo pero un poco apocado. Y recuerdo el mismo rostro del chico varios días después, en el tanatorio. Era un rostro de no entender, como nadie entonces entendíamos por qué tienen que pasar esas cosas.
Yo me fui al coche. Llevo unos días muy agotadores y físicamente me resiento. Quizá por ello me refugié en el coche y decidí no luchar más contra el recuerdo.
No sé muy bien cuánto tiempo pasó pero al vover uno de los chavales que venían conmigo en el coche ya se había marchado por su cuenta. Perdona Adrián.
Y llegué justo cuando estaban cerrando el local, uf, un alivio, y me senté rodeado de gente agradable, Patricia a un lado y Clara al otro. No se puede estar mejor acompañado.
Esperamos un ratín fuera hasta que los padres recogieron a todos los chavales. Nos quedamos Patricia, Gabi, Samu, su novia y yo y pensamos en rematar la noche yendo a un lugar tranquilo y tomar algún refresco.
Gabi es un buen chaval. Yo pienso que no cabe malicia en él. Hace lo que cree correcto y además, es sincero. Pocos hay así.
Samu es otra cosa, es... buf, paso de decirlo. Solo espero que encuentre valor en lo que él hace y lo haga. Vamos, él sabe lo que quiero decir... o no.
Así acabo el asunto. Acabó bien, porque la compañía era buena, eran amigos y eso reconforta mucho.
Y tú, estés donde estés, te recordaremos, porque los que te conocimos te llegamos a querer. Dios quiera que estos chicos que se han graduado este año, puedan cumplir sus sueños.