Este fin de semana lo pasé en Barcelona y era inexcusable pasar a saludar a mi vocación perdida.
La encontré deambulando por aquí, por esos solitarios patios de domingo en el 118 de la calle Viladomat, en Sabadell.
Allí estaba, donde surgió, pegada a aquellos muros que le hicieron creer en la profesión. Resistiéndose a marchar a otro lugar y convirtiéndome en un autentico mercenario de la educación.
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Intento hacerlo lo mejor que puedo, claro, pero sin mi compañera de Sabadell.
Y como no podía ser de otro modo, obligada era la visita a la que fue mi ángel guardián allí, la Carme.
Continua con sus batallitas imposibles, aunque es posible que un día se dé cuenta que ha ganado más de las que ha perdido porque tiene el arma más poderosa: ella sigue creyendo y sigue luchando.
También me tiene informado de las andanzas de algunos antiguos alumnos de mi tutoría allí. Me he llevado la sorpresa de saber que ya hay un actor y una actriz, y otro que tiene muy buena mano con el diseño. A ver si averiguo algo más sobre sus trabajos.
Yo salgo con cara de empanado, pues el día anterior había sido muuuuy largo y hacía tan buen solecito en su terracita...(por no hablar del estupendo cava catalán que me había plimplado)
La del llavero es mi hija, que ni aun no estando se las apaña para salir en todas partes.
También tuve ocasión de compartir una muy agradable comida con mi excompañero de aventuras "habitacionales", Ívan (sí, la I es la sílaba tónica), personaje mundial donde los haya y con su bellísima compañera. Felicidades a los dos futuros papás.
Bien, no pongo la foto que me pidió, la de la nevera, pues daría una imagen tan patética de aquellos tiempos. En realidad fueron mucho más patéticos. ¿Recuérdas aquel coche que montamos con un vaso de plástico a las tantas de la noche? Era un proyecto que pensaba hacer en el cole y me ayudó a probarlo.
En fin, una visita barcelonesa muy agradable. En un próximo artículo hablaré de la parte turística del viaje y de ciertas sorpresitas que como asiduo oyente de la COPE me llevé.